En esto que del 7 al 14 de julio me fui a la ciudad blanca. ¿No sabeis dónde? Si, hombre, una ciudad de Europa Central situada a orillas del Danubio, al pie de las primeras estribaciones de Los Alpes.
¿Seguís sin saberlo? Vale venga, es la capital de Austria.
Y si, he visitado los típicos sitios como la Albertina, la Ópera, el Belvedere, Schönbrunn, el Hundertwasserhaus, la Karlskirche... etc. Y como si de turista japa se tratara tengo unas cien mil fotos con las que matar de aburrimiento a familiares y echar a visitas indeseadas.
Y si, he hecho las típicas cosas: descubrir donde está el botón del semáforo para activar la luz verde de peatones (mira que está oculto el jodío), comer codillo en el Prater, pasear por el Kärntner Straße y Graben, perderme por calles preciosas, cada cual mas bonita que la otra, zampar un schnitzel del tamaño de una manta en una taberna típica vienesa donde si pides una cerveza te la ponen de medio litro, etc...
Pero también he hecho cosas tan insólitas como:
- Comer Esterhàzy torte en un café típico vienés mientras un loco vienés nos miraba y murmuraba cosas raras en alemán a la vez que rellenaba una quiniela.
- Ponerme de color violeta en un running sushi (todo lo que quieras-puedas comer + 2 bebidas por trece euros)- casi echo hasta la primera papilla, ve allí con unos asturianos tragones y después me lo cuentas.
- Gastarme 85 euros en vinilos (taaaan baratos), dejarme los dedos negros de tanto rebuscar, quedarme ladinamente con los que Alba desechaba muy a su pesar, y rabiar mas tarde por no haber vuelto a por los de Debbie Harry en solitario, que los tenían por 4 lerus.
- Ir a la disco mas pokera de todo Viena, decorada al estilo de una castillo medieval y donde en el WC ponían mejor música que en la sala. Se llama PRATER DOME y es, cuanto menos, digna de estudio sociológico.
- Asistir a las aventuras y desventuras de Ángela Charraning y Miguelito (ay Pe, te dijimos que le banearas y no nos hiciste caso) así como del comeback panchito.
- Morirme de la risa con el frustrado acoso y derribo a Mojoman por parte de una Loles al borde del coma etílico. Que poco arte.
- Acudir a una single party en una disco (también decorada como un castillo medieval, que allí debe ser lo mas en decoración discotequera, por lo visto) donde supuestamente daban una botella de champán por persona... que luego resultó ser de espumoso blanco (pero cayó igualmente), donde te ponían un corazón con un número y supuestamente la gente dejaba mensajes que salían por pantalla... y luego nadie escribía a nadie porque eran unos sosos y donde en el WC sonaban valses sin parar (sí, lo admito, los baños de las discotecas vienesas me tienen intrigada).
- Conocer en persona al mas grande, único e inimitable dealer de la ciudad: Patrick y su inmenso león de oro colgado al cuello. Que grande (en el sentido literal y también en el figurativo).
- Descubrir, muy a mi pesar, la canción del verano en Viena: I know you want me de PITBULL.
- Probar la carne de canguro, es exquisita y ya se sabe: No kangaroos in Austria.
- Quedarme con las ganas de hacer el 3rd man Tour a través de las alcantarillas vienesas por llevar calzado y ropa inadecuada. Cuando una va de turi, no se puede ser tan fashion.
- Colarme en el metro el último día porque se nos agotó el abono de 7 días. Lo ponen fácil: no hay tornos, sólo hay que estar al loro por los revisores.
Bueno, me pasó eso y alguna que otra cosilla mas que quedará entre Angela Charraning, Poppyfresca Mojoman y Filthy Montoya. Lo que pasa en viena, se queda en Viena. Y como no sólo de Viena vive el hombre, alquilamos un fiat 500 y pasando por Amstetten (de infausto recuerdo, que sólo ver los carteles en la carretera se le ponían a uno los pelos de punta) nos plantamos en Salzburg aka Castillo de la sal aka donde se rodó THE SOUND OF MUSIC aka donde aconsejo lleveis a el o la churri (los ¿afortunados? que tengais tal cosa) y esteis planeando dejarlos boquiabiertos... porque simplemente es PRECIOSO, ROMÁNTICO, IMSPIRADOR E IMPRESIONANTE. Después nos dirigimos al WOLFGANGSEE, que es un inmenso lago tan bonito y tan bucólico, que parece de mentira. Es tan maravilloso, que lo ves y no te crees que un sitio así sea real, porque parece de cuento de Disney. Nos tomamos una cerveza junto a un embarcadero, paramos en una zona mas retirada para remojamos los pies (ya era tarde y hacía frio para bañarse) y regresamos a Viena.
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