"¿Oficinista?" Me decía horrorizado y con mueca de asco cuando me preguntó en qué trabajaba. Y me callé porque soy educada, y eso que estabamos en una cena para 8 personas en MI CASA, donde se supone que tengo derecho a decir lo que me de la gana. No merecía la pena.
Sólo le respondí "Oficinista no, feliz" y me hubiera encantado preguntarle "¿Y tú?" Pero no lo hice porque lo que menos me apetecía era que siguiera hablando, hay gente que de tantas palabras se ahorcan a sí mismos con ellas y me tenía ya la cabeza loca con tanto rollo patatero:
Que si "Es que soy músico" = Molo mazo, ¿que no?
Que si "Yo tenía un puestazo de alto nivel en un banco y lo dejé todo por tocar la batería" = no entiendo como no estás ya haciendo choff choff.
Que si "He vivido en Fuerteventura, en los USA y en mil sitios" = bohemian like you.
Que si "Soy mas antisistema que nadie" = y por eso te pego la chapa cuando hablo de política y no te dejo meter baza porque, por supuesto, nadie sabe de esto mas que yo.
Que si "BLA BLA BLA BLA..." = hazme caso, mírame, eh, eh, eh, aquí, yo, yo, yo...
Y no, no eres tan de mundo. Lo demuestras cuando te diriges con condescendencia a los extranjeros (por muy Erasmus y jóvenes que sean) como si fueran retrasados mentales o niños sordos. ¿Sabes? Viven aquí, te entienden sin problemas.
Y sí, eres misógino, aunque es probable que no lo sepas ni tú. Lo demuestras cuando mencionas ejemplos de cosas malas y siempre son reencarnados en mujeres (la starlette chupa pollas que Berlusconi ha nombrado ministra, las señoras con collares de perlas que pagan una pasta por ir a los conciertos en los jardines de Sabatini pero no muestran respeto por los músicos... etc). ¿Sabes? Yo soy feliz... y observadora. Y me aburriste mucho.
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